World Youth Movement for Democracy

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Jorge Luis Vallejo Castello
Perú

La democracia en el Perú: entre lo ideal y lo empírico
Ligero viaje por la historia política patria

Es claro, tal y como afirma Robert Dahl, que la democracia oscila entre una concepción ideal de "juicios morales" o "juicios de valor" y una concepción real o de "juicios empíricos". Es una especie de vaivén entre el "deber ser" y el "ser" la que tenemos en nuestras mentes. Para este teórico la base de la democracia descansa sobre la idea de que todos los individuos de una determinada circunscripción deben ser considerados como "políticamente iguales" en base a 5 claros criterios: participación efectiva (igualdad de oportunidades para plantear temas), igualdad de voto (oportunidad de sufragar y de que dichos votos pesen igual), comprensión ilustrada (oportunidad de instruirse mediante la indagación, discusión y deliberación en torno a planteamientos destacables), control de la agenda (proponer temas para la deliberación y/o modificación) y la inclusión de los adultos (todos los residentes permanentes deben ser tratados como iguales políticos) (Dahl 1999 : 47 - 48).

Es momento de aterrizar en la realidad peruana y analizar algunos de estos criterios.

La "participación efectiva" y la "igualdad de voto" fueron temas de larga polémica a lo largo de nuestra historia. Así tenemos, por ejemplo, a Bartolomé Herrera quien en el siglo XIX no veía con buenos ojos el derecho al voto para la población indígena, alegaba que éstos serían fácilmente manipulados debido a su falta de instrucción. La poca "comprensión ilustrada" de los indígenas (pues existían altas barreras para el acceso a ella) sería aprovechada por los terratenientes quienes controlarían y dirigirían a su favor los votos. Por ello el programa y propuesta principal de Herrera era más educación como primer paso.

Todos estos puntos no nos son lejanos pues la llamada "inclusión de los adultos" recién la tuvimos en 1980 cuando se autorizó el voto de los analfabetos. Lo interesante radica en preguntarnos que más se ha hecho por elevarlos a la categoría de "ciudadanos" o es que ¿sólo bastó con darles el derecho al voto? ¿Acaso este es el único mecanismo de expresión de ciudadanía?, obviamente que no, mas es un camino. Señala Dahl que no es creíble que alguna sociedad llegue a ser plenamente democrática pero al menos los 5 criterios, antes expuestos, servirán como indicadores de evaluación para verificar cuán bien o mal marcha el proceso democratizador. En tal sentido, en el caso del Perú la ampliación del derecho al voto es cumplimiento de una parte de estos criterios, condición "necesaria" pero no "suficiente" en la construcción de una sociedad orientada hacia la democracia.

Inmiscuyámonos ahora en la cultura política peruana. Según la Encuesta Nacional sobre la Democracia en el Perú (2006) , efectuada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), un 73.5% de los peruanos encuestados piensa que se requieren "gobiernos autoritarios" para el buen manejo del país. Tal parece que la poca vivencia bajo gobiernos democráticos nos ha vuelto proclives a creer que la "mano fuerte" es señal del orden y progreso.

Nuestra vida independiente ha trascurrido su mayor parte encabezada por gobiernos de facto. Los caudillos de inicios de la República combatían entre sí escudados por una supuesta legitimidad ganada por las Cartas Constitucionales que ellos mismos promovían a su gusto y que no dudaban en invocar en sus luchas continuas. Esta es su manera de asentarse en el poder: dar un golpe de Estado y convocar luego a "elecciones" pudiendo también gestar una nueva Constitución que les otorgue un seudo aire de legalidad. Para ello movilizan al pueblo, la "insurrección" es su forma alternativa de "democracia directa" (Aljovín 2000: 261 - 317).

Es así como vemos que el llamado a las masas que efectuará el populismo no es exclusivamente del siglo XX. La apelación al pueblo, hecha por los líderes del momento, está presente desde buen tiempo atrás.

Como también indica R. Dahl, la democratización implica "debate público" y "capacidad de representación". El llamado a las masas es un elemento presente en los gobiernos dictatoriales mas no la permisibilidad al debate, así bloquean la existencia de la oposición al régimen (Dahl 1989: 15 - 18). De este modo se va gestando la noción de un solo líder mesiánico al cual ensalzar para cada momento de la historia, éstas son las "botas salvadoras" que representan los caudillos iniciales que buscan cierta legalidad ante las masas para su "investidura popular".

La gente busca orden y autoridad, bajo este anhelo y transcurridos los primeros años de la República emerge la idea de "nacionalidad" como una poderosa "arma política". "El Perú para los peruanos", es el lema con el que se desarrolla una nacionalización del Estado (por ello en parte la posterior campaña de antipatía hacia Simón Bolívar) y se rememora el pasado incaico buscando conformar una nación con un territorio similar al del fenecido imperio (rememoremos los intentos por mantener una Confederación Perú - Boliviana) (Aljovín 2000: 217 - 259).

El nacionalismo empieza a ser usado como arma de eliminación de contendores por el poder. Así, en esos años iniciales, el caudillo Agustín Gamarra surge como el líder nacional mientras que su rival Andrés de Santa Cruz será visto como el "extranjero boliviano", en sus batallas por el control del Estado. Johann Jacob von Tschudi, viajero suizo del siglo XIX, ilustra el momento: "A modo de ejemplo: un miembro del congreso de Huancayo (1839) [congreso convocado por Gamarra] solía llevar consigo una daga, que puso en la mesa de la Asamblea Nacional, sobre cuya hoja se podía leer el lema 'Muerte a los extranjeros' (Tschudi 1966: 55).

El objetivo es "eliminar" al opositor en un juego de "suma cero", solo un individuo debe liderar y ganarlo todo, la nacionalidad es usada en parte como herramienta para lograr ese fin.

Siguiendo con nuestra cultura política, Tschudi también repara y acusa el carácter voluble del pueblo, así nos relata la entrada de un caudillo a Lima: "Abrazaron el caballo de Santa Cruz y lo besaron desde los cascos hasta las orejas, levantaron a los generales de sus sillas y casi los ahorcaron por tanta ternura. ¡Y era la misma gente que, hacía pocas semanas, celebró con el mismo entusiasmo a Orbegoso, que se había levantado contra Santa Cruz, así como construyeron arcos de triunfo cuando Gamarra entró a Lima encabezando un ejército enemigo!" (Ídem: 56).

He aquí una primera aproximación al paternalismo caudillista, el liderazgo que llama a las masas, el personalismo en la política, y el nacionalismo como arma y bandera. Factores que encontraremos también en los populismos del siglo XX.

Es propicio sin duda hablar de nuestras "clientelas políticas", para Nicos Mouzelis la definición es bastante general: "la relación diádica entre un patrono y un cliente - típicamente una relación personal basada en el intercambio de bienes y servicios entre dos partes de riqueza, poder y estatus desiguales" (Vilas 1995: 477).

El camino para la participación en el debate público peruano aparecerá como "clientela". La masa popular no es irracional, por el contrario, sabe lo que quiere y cómo obtenerlo por ello brinda su apoyo a tal o cual bando esperando luego ser gratificada: "...visiones basadas en las ideas de irracionalidad y desorganización fueron cuestionadas por estudios que demostraron que los seguidores populistas fueron movilizados a través de estructuras políticas clientelares, que su acción fue más bien racional e instrumental al votar por políticos que fundamentaban su liderazgo en la capacidad de distribuir bienes materiales y simbólicos" (De la Torre 2004: 54).

Es un cálculo por optimización de beneficios, no irracionalidad. Esto no debe ser visto en todo sentido negativo, puesto que es mecanismo racional que en algo mitiga el continuo olvido de las altas esferas del Estado. Por ello en un inicio del presente ensayo soltaba la pregunta ¿es que sólo basta con darles el derecho al voto?, queda corroborado que no. Es necesario incluir a los nuevos votantes en la ciudadanía plena con goce de derechos básicos y la obligación de cumplir deberes, así podremos enfrentar el tan común fenómeno del clientelismo ya internalizado.

Retornando a los planteamientos de Dahl, se puede decir que el Perú va de una "oligarquía competitiva" hacia la "poliarquía" (Dahl 1989: 17 - 18). Oligarquías que desde los salones y clubes dirigían la política nacional manteniendo redes clientelares. No por nada, como nota curiosa, se lee en un diccionario editado en 1935 la siguiente acepción para "club": "conciliábulo político".

Fieles al "republicanismo cívico", los "virtuosos" gobernaban conformando una élite. Lamentablemente su dedicación no siempre fue desinteresada, al buscar el "bien público" muchos intereses particulares estaban presentes. La esfera privada (cenit del "liberalismo") se mezcla con la esfera pública (espacio para la realización plena del "republicanismo cívico") y además se les une luego la "democracia" poniéndose "por escrito" que todos son competentes e iguales ante la ley, pero ¿quiénes son todos?, ¿quiénes son plenamente ciudadanos?

Esta es nuestra "poliarquía" una conjunción de las 3 tradiciones, "republicanismo cívico", "liberalismo" y "democracia", más el Estado imperante (O'Donnell 1997: 16).

Es importante preguntarnos ¿qué pasó en el campo? Fueron aislados y sólo semánticos los intentos de acercamiento a la realidad de los indígenas, luego de la Guerra del Pacífico, y pese a la participación indígena en el conflicto, ya a inicios del siglo XX: "la élite limeña - de la conservadora a la iconoclasta - borró a los indios del guión nacional como sujetos políticos probados o potenciales. A medida que la historia oficial de la derrota peruana cristalizaba en torno a la imagen del indio ignorante y apático, la 'raza indígena' llegó a ser vista como no apta para la ciudadanía" (Larson 2002: 142 - 144).

Los indígenas quedaron bajo el control de las haciendas y sus élites (sobre todo en la sierra). El golpe militar de Juan Velasco en 1968 acabaría con la oligarquía y buscaría la inclusión, que no pudo poner en ejercicio, hizo el llamado a las masas pero no se puede hablar de generación de ciudadanos ya que, siendo una dictadura, no se tuvo algo tan elemental como las elecciones que son signo del ejercicio de la ciudadanía.

Entrado ya el siglo XX, muchos indígenas movilizados del campo a la ciudad (urbanización masiva) reconstruyen las viejas bases del patronazgo siendo nuevas huestes clientelares, dice N. Mouzelis sobre el factor migración: "Era completamente natural para esta gente, acostumbrada a la convocatoria del patrón - protector tradicional, confiar y apoyar al dirigente populista" (Vilas 1995: 475).

Es así como los vemos en las nuevas clientelas políticas esperando por algún tipo de inclusión y reconocimiento de derechos. La tan en boga "reforma del Estado" debe encarar ello, tarea que no es sencilla pero sí necesaria para iniciar la implantación de medidas que tengan por meta última generar más ciudadanos, "peruanos", en todo el sentido de la expresión, que se sientan representados por su Estado y que éste pueda por fin estar verdaderamente a su servicio. Por tanto, no se trata de "irracionalmente" minimizar el Estado o hacerlo crecer sin medida, se trata de tener un Estado "eficiente" que sea inclusivo y se preocupe del bienestar general. Ello es democratizar.

No podemos ubicarnos en alguna de las antípodas de la confrontación entre "más Estado" o "menos Estado", el lema desde el cual se debe trabajar una verdadera reforma ha de ser: "mejor Estado", en tanto promotor de ciudadanía, deberes y derechos garantizados para los habitantes. Esa es mi visión de camino hacia una sociedad no utópicamente "ideal", sino una sociedad más bien "viable" y equilibrada.

Es necesario y de gran valía abrir espacios para el diálogo, para el debate de puntos de vista, ello es caminar hacia el fortalecimiento democrático.

Cito un simple ejemplo derivado de mi experiencia. Desde hace un tiempo viene funcionando en uno de los distritos del norte peruano un espacio denominado "Tertulias Monsefú", se trata de un   foro abierto a todos los ciudadanos de la localidad. Esta iniciativa la venimos desarrollando con un grupo de jóvenes interesados en sumar esfuerzos por el progreso de la comunidad.

"Tertulias Monsefú" cuenta con dos secciones: la cultural y la de problemática actual. Bajo el lema: "pasado y presente mirado al futuro".

La sección cultural proyecta exposiciones e investigaciones sobre el acerbo histórico de nuestra zona, incentivando y promoviéndose el trabajo de los jóvenes investigadores.

De otro lado, desde la sección de problemática actual se enfrentan temas neurálgicos que preocupan a la población, la dinámica es sencilla: se convoca a los habitantes y a los medios de prensa locales, se expone el problema y en conjunto (población y profesionales especializados en el tema en cuestión) se buscan soluciones viables al mismo. Como fruto de este diálogo se elevan las propuestas a la autoridad municipal para su consideración.

Esta es una forma de contribuir con la gobernabilidad local, mientras al mismo tiempo se genera participación de la población pues sienten que son parte de la política y que son, en todo su derecho, escuchados. Sus propuestas ingresan así en la agenda pública.

De esta manera entiendo la "ciudadanía activa" contribuyendo   con la institucionalidad democrática.

Finalmente, remarco mi concepción ya generalizada sobre la democracia. Tal y como he expresado antes, democracia es el régimen en el cual los habitantes ejercen derechos civiles, políticos y sociales garantizados, y al mismo tiempo tienen deberes que cumplir. Todo ello en un marco de igualdad ante la ley, igualdad que no se halla idílicamente en "tinta y papel" sino que es puesta en praxis . La idealización escrita y el empirismo de su ejercicio deben por tanto complementarse.

Una sociedad democrática viable será posible cuando estemos entre "ciudadanos", generar mayor ciudadanía sigue siendo una tarea pendiente en el Perú y Latinoamérica conjunta.

BIBLIOGRAFIA

•  Aljovín, Cristóbal. Caudillos y constituciones. Perú: 1821 - 1845 . Lima: Fondo Editorial de Cultura Económica. 2000.

•  Dahl, Robert. La democracia. Una guía para los ciudadanos . Taurus. Madrid - Buenos Aires. 1999.

•  Dahl, Robert. La poliarquía. Participación y oposición . Tecnos - Rei. Buenos Aires. 1989.

•  De la Torre, Carlos. Un balance crítico a los debates sobre el nuevo populismo . En: Reeler los populismos, varios autores. Quito. CAAP. 2004.

•  Larson, Brooke. Indígenas, Elites y Estado en la formación de las Repúblicas Andinas . Lima: Fondo Editorial PUCP. 2002.

•  O'Donnell, Guillermo. "Accountability horizontal" . En: Ágora. Nº 8. Verano 1998. Buenos Aires. 1997.

•  Tschudi, Johann Jacob von. Testimonio del Perú, 1838 - 1842 . Lima: Talls. Gráfs. P.L. Villanueva. 1966.

•  Vilas, Carlos (edit). La democratización fundamental del populismo en América Latina . Buenos Aires. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. 1995.